¿DIÓXIDO DE CLORO PARA PREVENIR O CURAR EL COVID-19?

El dióxido de cloro no es un medicamento, por lo que se comercializa por fuera de los canales farmacéuticos y carece de controles de seguridad. No existe evidencia científica que apoye su eficacia o seguridad ni que muestre su utilidad para tratar enfermedad alguna.

Tanto el clorito de sodio como el dióxido de cloro son potentes oxidantes, por lo que son fuertes irritantes de las mucosas, sobre las que reaccionan dando lugar a daño directo de sus estructuras.

Por contacto, causa irritación en las mucosas de los ojos, la nariz y la garganta. Su inhalación, incluso en concentraciones bajas, puede conducir a trastornos respiratorios severos como broncoespamos y edema pulmonar. 

Al ingerirlo, puede causar quemaduras químicas en el esófago, estómago e intestino, generando esofagitis, gastritis y diarreas que pueden llegar a ser muy severas. Cuando es absorbido hacia la sangre, puede afectar los glóbulos rojos, impidiéndoles el transporte de oxígeno. El tóxico es capaz de destruirlos produciendo anemia hemolítica. También puede producir síntomas neurológicos, cardiovasculares y dermatológicos.

El dióxido de cloro está contraindicado. Si tenés algún síntoma asociado a COVID-19, acercate a un centro de salud. El sistema está preparado para atenderte.