DÍA INTERNACIONAL DE LA TOMA DE CONCIENCIA DE LA TARTAMUDEZ

La tartamudez es un trastorno que afecta la fluidez del habla y se caracteriza por interrupciones en la producción de los sonidos del habla.  Algunas de estas interrupciones constan de repeticiones o prolongaciones de sonidos, palabras o sílabas, bloqueos  y tensiones corporales.

Este trastorno se inicia en la infancia y puede continuar en la adultez. Suele aparecer en las primeras etapas del desarrollo del lenguaje, entre los 2 y los 4 años,  etapa en la que el niño aumenta su vocabulario y empiezan a armar la palabra-frase.

¿Por qué se produce?

No se conoce aún la causa de la tartamudez, pero las investigaciones apuntan a considerar en el origen la implicación de factores fisiológicos, genéticos, ambientales  y emocionales.

La causa de la tartamudez no es psicológica y este trastorno no está relacionado con la inteligencia.

Signos de alarma

  • Repeticiones de sonidos: “P...p…p…p…papá”.
  • Repeticiones de sílabas: “Pa…pa…pa…pajarito”.
  • Silencios tensos entre palabras.
  • Prolongaciones "¿SSSSabes qué?"
  • Interjecciones "Nos vemos - um um bueno este - alrededor de las seis".
  • Presencia de fuerza o tensión en el habla con bloqueos o prolongaciones.
  • Sensación del niño de no poder decir lo que desea con sentimiento de falta de control.
  • Conductas de evitación del habla, no hablar en determinadas situaciones o con determinadas personas.
  • Sentimientos de ansiedad, frustración, vergüenza.

Si observás algunos de estos síntomas en tu hijo, consultá con una fonoaudióloga especialista en tartamudez. Cuanto antes consultes, mejor será el pronóstico.

Consejos para hablar con tu hijo que tartamudea:

  • Mantené un ritmo lento y pausado cuando le hablás.
  • Dale tiempo para expresar lo que tiene para decir.
  • Realizá una escucha activa, dedicándole atención a lo que va a decir.
  • Evitá el exceso de preguntas hacia el niño.
  • Fomentá confianza elogiando y felicitando las habilidades que no estén relacionadas con la conversación.
  • Dedicale un tiempo exclusivo, reservando unos minutos cada día para jugar con él.
  • Respetá turnos de habla, de manera que toda la familia se turne para hablar y escuchar.
  • Reglas justas: mantené las reglas con tu hijo que tartamudea como las que tenés con sus hermanos.