Día Mundial de la Lucha contra la Depresión

Desde el Servicio de Salud Mental queremos aprovechar la difusión que adquiere, en esta oportunidad, el tema de la depresión.

En primer lugar, debemos resaltar un aspecto fundamental, que es la variada significación que este término puede asumir. Así, cuando decimos depresión podemos estar haciendo referencia a un estado de enfermedad, que puede ser de variable severidad, hasta una reacción normal del psiquismo humano frente a una situación de duelo, o de conflicto. La conducta profesional varía enormemente entre ambas circunstancias.

Asimismo, la depresión patológica debe diferenciarse cuidadosamente entre las depresiones mayores, o melancólicas, y aquellas depresiones menos graves, que pueden evolucionar fácilmente con una adecuada ayuda psicológica.

Aquellas depresiones severas pueden alternar eventualmente, con períodos de euforia, y constituyen, en estos casos, la llamada enfermedad bipolar, o maníaco-depresiva, que requiere de tratamiento psicofarmacológico, y que no debe ser confundida con el llamado “trastorno bipolar”, cuadro que a nuestro criterio, supone criterios más laxos para su diagnóstico. 

Cualquiera de estos cuadros clínicos debe ser objeto de un minucioso examen por parte de profesionales idóneos, tanto psicólogos como psiquiatras, que deben determinar el diagnóstico preciso, la probabilidad de su origen y las medidas terapéuticas adecuadas.

La psicofarmacología  presta una ayuda a veces imprescindible para la resolución de estos cuadros, pero la ayuda a nivel psicológico es imprescindible.

El padecimiento íntimo, profundo de aquella persona que está deprimida severamente, es enorme y muy difícil de comprender para quien no se aproxime lo suficientemente. Su dolor no responde, generalmente, a causas racionales, aún en el caso de alguien que haya sufrido pérdidas importantes.

Cada ser humano tiene una diferente manera de tolerar el dolor psíquico, y diferentes modos de atravesar sus períodos de duelo, y los profesionales debemos acompañar esos procesos, respetando las singularidades de cada uno de nuestros pacientes.

El diagnóstico rápido, que contempla solo algunos síntomas como la angustia, el decaimiento o la falta de energía para encarar actividades, conduce frecuentemente a diagnósticos erróneos, tal como sucede en cualquier campo de la actividad médica, y por ende, a tratamientos inadecuados.

Pero cabe destacar que en esta plurivocidad del término “depresión” también debe  preocuparnos cuando en circunstancias de pérdidas, por ejemplo, de seres queridos, no aparece la depresión como indicador de un proceso de duelo. Resulta absolutamente  “normal”, vale decir, NO patológico, y necesario para atravesar del mejor modo posible las circunstancias dolorosas que pueden sucedernos en la vida. No siempre el dolor psíquico, la tristeza o la angustia son indicadores de enfermedad, como tampoco lo es el dolor físico frente a un golpe, una quemadura, etc. sino una reacción esperable y necesaria.

En cualquier caso, no debemos guiarnos por las abundantes informaciones que provee internet, de cuya verosimilitud no es posible dar cuenta, sino apelar a la consulta con un profesional de salud mental, para que un diagnóstico adecuado permita la instalación de un tratamiento acorde, que contemple la singularidad de cada persona, su contexto, su historia, su momento vital, y a sabiendas de que no hay tratamiento mágicos, rápidos ni inmediatos, y que la cura de cualquiera de las formas posibles, requerirá de un trabajo serio y conjunto, de profesional y paciente.

 

-Dr. Eduardo Kopelman